EL ESPACIO PUBLICO

Silvia Portíansky - Arquitecta

SEGUNDA PARTE

              
          EL SENTIDO DE LUGAR Y PERTENENCIA

Circular por una vereda, llegar a una plaza, ver asomar una torre, doblar la esquina, descubrir nuevos edificios y calles, encontrar el edificio cuya torre asomaba, mirando con intención, genera en el observador empatía con el medio que lo rodea. En una ciudad de fundación lejana en el tiempo, por ejemplo, la yuxtaposición de lenguajes, estilos, escalas propias de sus diferentes períodos de vida, todo en forma simultánea y mezclada producen el atractivo de descubrir y el inicio de la complicidad que se produce entre sujetos y objetos, complicidad en que la variedad de los espacios, admite variedad de actividades.
En este encuentro se establece una relación singular entre el lugar físico: sus formas, colores, olores, proporciones, temperatura y sus habitantes: la capacidad de percepción, sus conocimientos previos, la cultura a que pertenecen, su situación social, las condiciones económicas. Esta relación da sentido al lugar, sentido que dependerá de sus condiciones físicas y de las condiciones del observador. Cuanto más claramente pueda reconocerse el lugar, dónde está, cómo es, qué significa, qué representa para cada individuo y la comunidad, más fuertemente se estrechará el vínculo generando identidad y pertenencia.

    

Descubrir un atractivo.
Aproximación 1 
Aproximación 2
Aproximación 3

                                             

        EL ESPACIO PÚBLICO HOY
En el diario transcurrir, el hombre necesita tener noción de su posición con relación a lo que lo rodea, necesita tener sentido del lugar que le permita reconocer su pertenencia. Este sentido de pertenencia, identidad es compartido con los demás y en todas partes. Pero, en el vertiginoso cambio que se ha producido en los centros de las ciudades contemporáneas, el hombre choca con lo que lo rodea y no le es familiar.
Las modificaciones producidas han sido tan sustanciales en algunos casos (en el marco de las ciudades latinoamericanas) que interrumpieron la comunicación normal entre los espacios públicos y su comunidad: Crecimiento en altura desmedido con importantes densidades en horas pico y vaciamiento posterior; ritmo acelerado de la actividad, alto tránsito y velocidades, retiro de árboles para acceso a cocheras o pérdida de especies por falta de renovación; tendencia a la tugurización del centro y suburbación de la periferia; privatización, segregación, descuido, inseguridad y abandono.
La tendencia a la privatización y segregación, aislamiento por inseguridad de algunos sectores de la comunidad haciéndose eco de una concepción privatista de la vida urbana, no sólo ha contribuido a mermar la participación del espacio público en la conformación de una identidad colectiva de los residentes sino que ha aumentado, por su vaciamiento su inseguridad, perdiendo por ende su significación.

En esto, resultamos responsables todos los actores: desde la reacción de los planificadores que llegan con normativas a rezago de estos cambios, cuando en realidad debieran anticiparse; la gestión pública que escasamente se hace cargo de estos espacios; la imposición de privilegiar el dominio del vehículo por sobre los peatones privando el desarrollo de actividades propias de lugares como plazas y parques simplemente porque en estas condiciones resultan inaccesibles; las comunidades que consideran que estos espacios son patrimonio del Estado y no reconocen su propia participación en el diario "hacer" ciudad, a la espera de que la gestión se haga cargo del cuidado; los años de dictadura que coartaron el ejercicio del uso de los espacios comunes; las leyes de mercado, las presiones inmobiliarias que invariablemente han especulado en soluciones de beneficio privado a expensas del espacio público.



Dominio del vehiculo por sobre el peatón, inaccesibilidad


La importación en los últimos años de soluciones internacionalistas que instalan el shopping como alternativa a la ciudad, ha resultado una nueva modalidad que, a la manera de las propuestas de ordenamiento urbano ante el caos de la ciudad industrial, se postulan como solución global, siempre igual, para cualquier lugar del mundo: orden ante la confusión en la ciudad, amenazando el espacio de nuestras ciudades que aún en la dificultad expresan cualidades propias vinculadas al sitio y a su tiempo (lenguaje arquitectónico, textura, color).
Así, el shopping, siempre iluminado, bien equipado, es seguro. Sus calles (pseudo) garantizan comodidad al peatón que circula para comprar: Allí no hay humo, olores, ni ruidos o personas molestas; reproducen imágenes del equipamiento y la vida de la calle exterior con faroles, bancos, hasta árboles, pero artificial.

El shopping como alternativa artificial de la calle


Mientras este modelo de privatización se reproduce y es aceptado en el mundo aumentando la concentración del espacio comercial, la calle real se vacía y su economía pequeña desaparece.
El espacio público que se materializa con la edificación del entorno, se sostiene con su calidad ambiental y usos, los cuales deben estar garantizados por la gestión pública y la comunidad que se apropie de él, aún en su confusión rica y desordenada, expresión de la convivencia.
Debemos volver al uso de las calles y plazas, al encuentro colectivo, a la expresión pública para resignificarlos, dotándolos de una nueva significación, en la convicción de que en ese uso que será frecuente, constante e intenso, el espacio volverá a ser seguro..
La comunidad en el ejercicio de sus derechos para desarrollar una vida digna, de calidad, podrá canalizar a través de las autoridades que la representan la petición de garantizar la democratización del uso de los espacios, su mantenimiento y una legislación que privilegie al bien público por en encima del interés privado.
Los espacios públicos legítimos, aquellos que son producto de sus residentes, de imagen propia a lo largo de sus tiempos, necesitan de la comunidad que se apropie de ellos.
En el mejor sentido, la comunidad que se apropia del espacio público de su ciudad, lo cuida y transforma como propio.

Las salidas de reconocimiento del entorno, desde las escuelas, fortalecen la identidad con la ciudad y promueven la apropiación del espacio de todos.


Arq. Silvia Portiansky




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