Silvia Portíansky - Arquitecta
PRIMERA PARTE
LA
CIUDAD COMO TOTALIDAD COLECTIVA
"Con el surgimiento de la industria, los campos se han despoblado mientras
se operaba un gigantesco desarrollo de las ciudades.
Como la concentración ha tenido lugar en el centro de las ciudades, han
sido erigidos, sobre la planta baja de las casas de la época del caballo
y la carreta de bueyes, siete u ocho pisos, llenándose los jardines de
edificaciones igualmente elevadas. Las ciudades, donde ha aparecido el automóvil,
se han convertido en desiertos de piedras y asfalto. En medio del ruido y del
fastidio, las condiciones naturales quedan abolidas, olvidadas." 1
En los últimos
tiempos se ha inquirido con frecuencia acerca del carácter actual de
los espacios públicos, su significación, su estado de degradación,
situación de la que no podríamos hablar sin considerar a la ciudad
misma en toda su dimensión puesto que el espacio público es inherente
a la concepción misma de la ciudad.
De hecho, el ambiente, el clima urbano que se vive en una ciudad es aquel que
se percibe desde sus espacios públicos, y éstos, son en parte
consecuencia (contracara, fondo, remanente) del escenario urbano construido
que los define y contiene; de su totalidad.
La ciudad como hecho colectivo es el lugar por excelencia de intercambio y encuentro
de sus ciudadanos y visitantes particularmente en sus espacios públicos,
los cuales comenzaron a materializarse y modificarse desde el comienzo en los
procesos de socialización del hombre y la especialización progresiva
del trabajo a lo largo de la historia.
ESPECIALIZACIÓN
DE USOS Y ESPACIOS
En las aldeas primitivas, la vía pública, que enlazaba chozas,
una incipiente ágora y lotes de cultivo, no tenía una función
muy definida oficiando también de lugar de juego y reuniones sociales.
La especialización y las demandas de uso posteriores generaron la diferenciación
de los espacios, tales como aquellos vinculados a la aparición del cultivo
de cereales, el arado, el telar, la acumulación de excedentes y la necesidad
de intercambiarlos, dando lugar a la manifestación física de tales
necesidades de uso registradas. Se agregaron entonces, al espacio rústico
de la aldea primitiva: el palacio que en principio hacía las veces de
cuartel, administración y tribunal, el templo oficiando en principio
como lugar para culto y mercado, con las particularidades propias según
las culturas de que se tratara.2
"Con posterioridad las funciones de intercambio son ubicadas fuera de los
recintos sagrados, en lugares abiertos provistos de puestos provisionales durante
los días de feria o en recintos cerrados al costado de ciertas calles.
Los lugares abiertos y comunes, como calles y plazas, dejan de ser meros espacios
residuales entre viviendas y adquieren formas y usos más definidos alrededor
de las cuales se alinean las construcciones cerradas.
La calle, como conector de las distintas partes de la ciudad, juega un papel
clave en su diferenciación.3
El uso intensivo a que estos espacios abiertos y públicos (comunes) fueron
demandados motivó diversos tipos de solución: desde la segregación
espacial de actividades que resultaban incompatibles con otras, a través
de la construcción de mercados, por ejemplo, para un uso especializado,
hasta la segregación temporal de las demandas conflictivas promoviendo
usos alternados de los espacios, tal como la alternancia del uso diurno de las
calles para peatones y nocturno vehicular en la Roma de Julio César,
o la organización de ferias semanales en la Edad Media, situación
que se tornó más frecuente cada vez a partir del período
de industrialización de las ciudades con producción fabril en
gran escala, avances tecnológicos en la producción y el transporte,
concentración urbana de la población, especialización del
trabajo.

Núcleo clásico
Pompeya. "Como en otras ciudades latinas, el núcleo central era
el foro ...en el que estaba prohibido el tránsito de rodados, se entraba
a través de arcadas; constituía un paseo para peatones alrededor
del cual estaban concentrados los tribunales, los templos y el mercado público".
Munford, Lewis; ob. cit, pág. 424.
TUGURIZACIÓN
DE CENTROS URBANO
Las sociedades feudales se diluyen bajo la presión del capitalismo mercantil
y las ciudades requirieron espacios para usos especializados tanto al nivel
de producción, de infraestructura como de esparcimiento. Surgieron baños,
transporte colectivo, calles, parques, que sin embargo no dieron abasto frente
a la demanda del explosivo crecimiento demográfico y migratorio, ni a
la necesidad de espacios especializados y de tiempos para su uso. Así,
el espacio físico y el tiempo en la ciudad se convirtieron en dinero.
El espacio urbano resultó insuficiente en función de la demanda,
se alteraron los códigos vigentes en las ciudades medievales vinculados
a la construcción, se desarrolló un proceso inmobiliario de especulación
que elevó el costo de la tierra, aumentaron las alturas de edificación,
las viejas casas se subdividieron en un proceso interminable de tugurización,
las áreas abiertas comenzaron a desaparecer y los centros urbanos se
convirtieron en ambientes degradados, contaminados y caóticos, con usos
superpuestos ante la imposibilidad de ordenarse debido a la escasez de espacios.

Población metalúrgica
norteamericana: gran fundición de hierro, ferrocarril, contaminación.
En el trazado de las primitivas poblaciones industriales
no se previó la ubicación de industrias en relación a los
sectores residenciales. ". Munford, Lewis; ob. cit, pág. 791
LAS
PROPUESTAS DE ORDENAMIENTO URBANO
Frente a esta situación generada en las ciudades durante más de
cien años producto de la industrialización, surgieron propuestas
tendientes a revertir el caos del ambiente urbano.
Una de ellas, se orientó a generar ciudades jardín, satélites
de las grandes urbes que garantizaran el descongestionamiento de los centros
como instancias combinadas entre el campo y la ciudad. 4
Otra, se dirigía a zonificar el uso en las ciudades según funciones
básicas: trabajar, habitar, recrearse y circular, con espacios nítidamente
diferenciados para cada una de las funciones: áreas de habitar, áreas
de trabajar, de recrearse, enlazados mediante amplios espacios verdes que pretendían
introducir el campo en la ciudad, transitables para el peatón, con la
aparición de vías elevadas para el paso del automóvil.

"Lo
imposible se convirtió en posible: la separación del peatón
y del automóvil es cosa hecha..." Le Corbusier, Los tres establecimientos
humanos, Editorial Poseidón,
Buenos Aires, 1964, pág. 40.
A la confusión y el problema de la ciudad industrial se oponía
el orden como solución proponiendo segregar: para cada actividad del
hombre un espacio determinado y especializado, modalidad que se difundió
durante varias décadas. 5
Sin embargo, las soluciones discriminatorias de este tipo, que miraron la ciudad
desde su aspecto funcional, con resultantes ordenadas pero aburridas (igualmente
contaminadas) y carentes de vida urbana, no lograron dar respuesta a las necesidades
de sus ciudadanos y entraron en colisión con la vida real del hombre
quien transcurre en permanente combinación de actividades no segregadas.
Por otra parte, tampoco lograron su cometido de descentralización, las
ciudades crecieron hacia los suburbios provocando el empobrecimiento de la vida
ciudadana y el proceso urbano continuó en aceleración.
En definitiva, las ciudades hoy han ido perdiendo entidad a medida que procesos
inmobiliarios, económicos, político administrativos, productivos
accionaron sobre su forma y tipo de crecimiento a punto tal que la regulación
urbanística también ha centrado su atención en la relación
entre la ocupación privada del territorio y el resto o espacio sobrante.
CARÁCTER
DE LOS ESPACIOS PÚBLICOS
Curiosamente, los espacios públicos, por lo general los abiertos, que
resultan como decíamos del remanente-sobrante que deja de lado el crecimiento
de las estructuras urbanas (su contraforma), pueden convertirse en el instrumento
para el ordenamiento de las ciudades a través de su reconstrucción
y recualificación.
Esta conceptualización tiende a la idea de que el espacio abierto, concebido
como un sistema, permite jerarquizar el territorio y diseñar su crecimiento.
En el territorio cultural, este sistema se compone de una variada gama de espacios
de diversa definición: usos tamaños, proporciones, tratamientos,
características naturales y grados de culturización, etc. constituyendo
los que conforman los recursos espaciales y de uso disponibles para la vida
social: plazas, calles, parques, etc.
"De la lectura de los mapas de ciudades que se han ocupado de sus espacios
públicos -Barcelona, Washington, Mendoza en Argentina- se puede verificar
que son éstos los elementos que tienen la capacidad para recomponer una
lectura unitaria de la ciudad y de dotar de contenido urbano a las zonas más
desestructuradas." 6
Enlazando la capacidad instrumental que estos espacios pueden tener como sistema
para el ordenamiento de la lectura unitaria de la ciudad, con los conceptos
del comienzo del texto que plantean que la captación - percepción
espacial de la ciudad es posible a través de sus espacios públicos
y que éstos, son en parte consecuencia del escenario urbano construido
que lo define y contiene, podemos fortalecer la idea de ciudad como totalidad
con que comprendemos el hecho urbano, donde el espacio público es inherente
a la concepción misma de la ciudad, y es a su vez como sistema el que
permite la percepción de la ciudad y la herramienta capaz de ordenarla.
Si bien el hombre construye espacios privados para vivir en su interior, la
vida humana no se desarrolla exclusivamente en los interiores de los edificios.
El hombre construye objetos dentro de los cuales transcurren sus actividades.
Son cajas que pueden llamarse casas, edificios para oficinas, fábricas,
escuelas, clubes, hospitales. Sus interiores responden a las necesidades planteadas
según su función: habitaciones, laboratorios, aulas, volúmenes
de espacio. Esto no se percibe desde el exterior. Desde el exterior observamos
el objeto, sus caras externas. La suma de objetos de este tipo en forma más
o menos continua, genera espacios exteriores como contraformas. 7
En los núcleos urbanos éstos son los espacios públicos
abiertos, calles, plazas y parques.
Tanto el interior de las cajas, como el exterior, están vinculados a
los espacios, pero son los espacios construidos los que en su articulación
generan los espacios abiertos, los definen y contienen.
Los diferentes modos a que recurre esta articulación producen calidades
espaciales diferentes en términos de paisaje, impacto visual y actividades:
desde calles definidas como largos corredores, secuencia de edificios uno al
lado del otro, por lo general muy altos que sólo pueden dar respuesta
a las necesidades del flujo vehicular o un mero desplazamiento peatonal, hasta
la propuesta más atractiva de generar remansos mediante una organización
de edificios variada, contrastes entre llenos y vacíos, espacios de transición,
etc., donde el estar y el encuentro constituyan una alternativa posible.
Por cierto, también existen espacios interiores que, tanto como los exteriores,
proponen ámbitos con características físicas aptas para
convocar, realizar espectáculos, incluso manifestar, pero sólo
los espacios públicos exteriores garantizan este encuentro colectivo,
con carácter libre y gratuito, para la gente, espontáneo, desordenado
y simultáneo.

Espacio público como lugar del encuentro colectivo
1:
Le Corbusier, Los tres establecimientos humanos, Editorial Poseidon, Buenos
Aires, 1964, pág 14 seguir
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2:
Browne, Enrique, El uso de las ciudades y las viviendas, CLACSO, Ediciones Siap,
1978, Buenos Aires, pág.99, 107, 123. seguir
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3:
Munford, Lewis; La ciudad en la historia, Ediciones Infinito, 1966, Buenos Aires,
pág. 92. seguir
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4: Howard, Ebenezer, Ciudad Jardín, 1898 seguir
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5: La
propuesta de la Ciudad Radiante fue postulada por Le Corbusier, cuya visión
de la ciudad contemporánea encabeza este texto, en el año 1930.
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6: Merlo, Angel; Santa María, José; Sessa,
Emilio, Región Capital - Estructura de Espacios Abiertos, trabajo inédito,
1993 seguir
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7: Cullen, Gordon: El paisaje urbano, Editorial Blume-Labor,
Barcelona, 1974 seguir
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